Acercan sus orillas ...

viernes, 11 de marzo de 2016

Una Historia Cualquiera

Suena: Someday [Celtic Woman]

               Hoy os dejo una historia de sueños, de fantasía y de amistad. Porque a pesar de todo , quien no cree en los sueños, quien no sabe esperar por aquel amigo que un día partió, sin esos anhelos , sin esos sueños, la vida, nuestra vida que sería : una hoja en blanco, un camino sin aromas, sin paisajes, un camino donde solamente se vaga sin rumbo hacia un destino final... nuestro destino.

       Como en todo cuento que se precie también hay una bruja mala, 
pero de esa hoy nos olvidamos, ¿vale?
       Muy buen fin de semana a todos 
besos y abrazos
María 
Pasa ante mí una mariposa
y, por primera vez en el Universo, observo
que las mariposas no tienen color ni movimiento,
como las flores no tienen perfume ni color.
El color es el color que hay en las alas de la mariposa,
en el movimiento de la mariposa es el movimiento el que se mueve.
El perfume es el perfume que hay en el perfume de la flor.
La mariposa es sólo mariposa
y la flor es sólo flor.
Fernando Pessoa



            De mundos diferentes, de bosques alejados, una noche se encontraron entre las ramas de un árbol caído. En sus dos poblados, se había corrido la voz de que aquel árbol cayó por culpa de los humanos. Aquellos seres que lo destrozan todo con su codicia y maldad, así que los dos decidieron ir a llorarle como era costumbre de su mágica raza.

            El hada lloraba porque no soportaba ver sus ramas rotas, el enorme tronco sobre el suelo dejando un hueco vacío junto a los demás árboles, que miraban a su compañero caído desde las alturas, llorando en silenciosas lágrimas. Y el duende, escuchando a aquel hada triste y delicada llorar, se acercó a ella poniendo su mano en su hombro y susurrándole al oído que no se preocupara, que del pequeño tronco que había quedado después de cortar el árbol, crecería otro similar, incluso puede que más grande.

           Aquello pareció consolar al hada, y de la mano, caminaron por el bosque admirando y contemplando la grandeza de sus árboles, volando hasta sus ramas para jugar con las ardillas y poder ver el atardecer desde lo más alto.

                Se dijeron el uno al otro que estarían ahí cuando se necesitaran, que seguirían viendo atardeceres  como aquel una y mil veces. Y así lo hicieron.

               Jugaban en el bosque, hablaban a diario a través de los mensajes que las luciérnagas les llevaban de uno a otro, se escribían cartas, que atadas a lomos de pequeños conejitos iban por los pueblos repartiendo el correo.

                 Una tarde, el hada le dijo al duende que le quería muchísimo, y el duende sonriendo, le dijo que el también. Pasaron las horas, pero aquella alegría se fue disipando. Se daban cuenta de que la distancia entre sus poblados era enorme, pero también se daban cuenta de que por mucho que necesitaran estar juntos, por mucho que se quisieran, algo no saldría bien. Así que cada uno, pensaba que lo mejor era que siguieran siendo amigos, que continuaran con aquellos juegos, aquellos paseos inofensivos que tanto le gustaban, pero ninguno  de  los dos lo dijo.

           Tenían miedo de perder algo tan bonito como su amistad.


              Pero el duende tuvo menos fuerza que el hada en su corazón, y poco a poco fue desapareciendo. Cada vez iba menos a visitar al hada a su trocito de bosque, ya no la escribía y esperar el correo se hizo para ella casi insoportable porque no entendía que podía haber hecho para que el se alejara de aquella manera.

        No le había pedido nada, y tampoco le había exigido aquello que parecía empezar a sentir, pero que supo parar a tiempo.

        Dice la historia, que el hada aún espera en su bosque que el algún día aparezca, a poner la mano sobre su hombro y a susurrarle al oído que al igual que aquel tronco volvió a crecer alto y fuerte, su amistad  volvía para quedarse tan fuerte como sus ganas de volver a encontrarse.



*Fotografías : Margarita Kareva
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.
http://capricharm.wordpress.com/2009/06/11/una-historia-cualquiera/